01/06/11

El lado oscuro (y no tan rentable) de las RR.PP

ética, RR.PP, grupo bpmo, comunicación, Comunicas, revista, Gadafi, Emmanuel Tchividjan“Clients come and go but your relationship with the media is critical for the rest of your career as a professional communicator.” Esta es una de las reflexiones volcadas por Emmanuel Tchividjian (Chief Ethics Officer en la conocida agencia norteamericana Ruder Finn, Inc) en el artículo 5 Tips for ethical communication aparecido en el número 20 de nuestra revista Comunicas.

Tchividjian hace referencia a que, por la naturaleza de su actividad, las agencias de comunicación pueden encontrarse en tesituras éticamente comprometidas. ¿Cómo tienen que reaccionar cuando el cliente, con independencia del trabajo realizado al alimón con la agencia, arruina su propia respetabilidad de un plumazo, o sale a la luz una información inesperada que se lleva por delante su honra y su credibilidad?

Tchividjian advierte de que, en lugar de aplicar una lógica cortoplacista, la agencia necesita comunicar con franqueza para conservar la credibilidad ante los medios: “If for some reason the truth is not for you to tell, meaning it is confidential or if you do not have all the information requested, be up-front about it, let your audience know.”

Y es de sentido común añadir que, si la agencia no actúa con integridad, se arriesga a presentarse como un partner peligroso no sólo para los medios, sino también para los potenciales clientes, que no podrán confiar en su fidelidad.

En una noticia reciente, una de las webs de referencia del sector de la comunicación en Estados Unidos, O’Dwyer PR, presentaba el caso de Monitor, un gabinete de comunicación norteamericano que hasta no hace mucho trabajaba para la Libia del coronel Gaddafi. La Libia de Gaddafi, no lo olvidemos, lleva el anatema de su participación en el atentado que en 1988 hizo explotar el vuelo de la Pan Am 103 sobre la localidad escocesa de Lockerbie, causando 270 víctimas; en 2003, un arrepentimiento explícito le permitió iniciar la recuperación de su lugar en la comunidad internacional, tarea para la que Libia contrató, entre otros, los servicios de Monitor.

La agencia tenía que ayudar al país a actualizar sus relaciones, poniéndole en contacto con diversos líderes de opinión y medios como The Economist, Washington Post, Wall Street Journal, etc. Pero cuando la revolución de Túnez y Egipto llegó a las ciudades libias, la represión ejercida por Gaddafi generó críticas a Monitor por su injustificable contrato con el régimen del coronel.

¿Cómo reaccionó Monitor? Por un lado se defendió, recordando que la segunda administración Bush había mejorado sus relaciones diplomáticas con Libia y que lo había sacado de la lista de países que dan apoyo al terrorismo. Pero al mismo tiempo, Monitor dio algunos pasos a favor de la transparencia. Admitió los errores cometidos, y prometió subsanarlos; luego notificó retroactivamente al Departamento de Justicia americano el contrato firmado con el país africano en 2006 (estaba obligada por ley a hacerlo), que ascendía a 3M$, y se ofreció a explicar los detalles del mismo. Cada uno puede juzgar si la reacción es suficiente o no, y si Monitor podía hacer más o no. Sea como fuere, en el caso resuenan las palabras que citábamos arriba: “let your audience know”; y sobre todo, “Clients come and go”.

Encontramos una interesante perspectiva de todo ello en el blog de Justin Fox, director editorial de Harvard Business Review. Dice que si el trabajo de relaciones públicas para Libia lo hubiera hecho cualquier gabinete, las críticas habrían sido mucho más duras e inmediatas; el asunto está en que Monitor es una firma respetada que se dedica principalmente a consultoría estratégica y que no había dado a conocer que también se dedicaba (y cómo) a las relaciones públicas.

A día de hoy las fronteras entre distintos negocios se difuminan (IBM también es una consultora de IT; Amazon también es una empresa de cloud-computing), pero eso no es motivo para que se vulneren los códigos de conducta de cada profesión. Las razones éticas deberían bastar para no hacerlo, pero por si no bastan, el propio Fox recuerda que la falta de integridad acaba pasando factura: “Enforcing standards of behavior also can have economic value.” O volviendo a Emmanuel Tchividjian: “The truth, most likely will come out sooner or later and the damage caused will be irreparable both for your client and for yourself.”

Autor: Toni Güell, periodista de Grupo BPMO

14:49 Anotado en Noticias | Permalink | Comentarios (1) |

Comentarios

Para hacer un seguimiento del caso mencionado en el post:
http://www.odwyerpr.com/blog/index.php?/archives/2892-Monitor-Closes-Books-On-6.7M-Libya-Biz.html

Anotado por: Toni Güell | 13/07/11

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